La adolescencia es una etapa especialmente temida por los padres y menos conflictiva de lo que suele pensarse para los hijos, es la etapa en la que se produce el proceso de identificación, es decir, la persona toma conciencia de su individualidad y de su diferencia respecto a los demás. Tras la atribución del conflicto se esconde la incapacidad para entender, desde la visión del adulto, lo que sucede en la mente del adolescente.

Los padres dejan de ser unos personajes ideales y el adolescente comienza a encontrarles cada vez más defectos, hecho que muchos padres confunden con un rechazo del hijo hacia ellos, e incluso verbalizan que su hijo ya no los quieren, cuando en realidad no es más que la consecuencia de la superación de la infancia (dependencia), simplemente ahora los necesita menos. El mayor peligro del conflicto generacional no es que padres e hijos no se entiendan, sino que no se relacionen.

Este conflicto solo es un proceso que varía en función de los hijos y de la madurez de los padres y se suscitan en tres tipos:

  1. Concesión: Los padres proponen un premio o castigo según el comportamiento del niño. A edad temprana el propio niño empieza a hacer sus concesiones.
  2. Acuerdo: Padres e hijos acceden a cumplir ciertas reglas durante determinado tiempo. En el niño pequeño puede incluir límites o premios, a mayor edad cada vez es más positivo.
  3. Contrato: Proceso mediante el cual padres e hijos actúan sobre la base de expectativas mutuas. Es en gran parte implícito y tácito, su existencia se reconoce solo cuando ha sido quebrantado.